Ante la bandera
Ante la bandera —¡El tug! Si se conocen los secretos de Ker Karraje, ¿es admisible que no se conozca también la existencia del barco submarino del Conde de Artigas?
El ingeniero Serko me lanza una mirada sospechosa.
—Señor Hart —dice—, me parece que lleva usted muy lejos sus deducciones.
—¿Yo, señor Serko?
—SÃ…, y encuentro que habla usted de esto como hombre que sabe más de lo conveniente.
Esta observación me detiene. Es evidente que con mi argumentación arriesgo dar que pensar que he podido tomar parte en los últimos sucesos. Los ojos del ingeniero Serko se clavan implacablemente en mÃ…, me agujerean el cráneo, registran en mi cerebro…
Sin embargo, no pierdo nada de mi sangre frÃa, y con tranquilo tono respondo:
—Señor Serko, por oficio y por gusto estoy acostumbrado a razonar sobre todas las cosas. Por esto le he comunicado el resultado de mis razonamientos, que puede usted o no tener en cuenta, como le plazca.
Después de esto nos separamos. Tal vez por mi falta de reserva he inspirado sospechas que me será muy difÃcil disipar.