Ante la bandera
Ante la bandera Sin tomarme tiempo para reflexionar, me lanzo por el obscuro agujero. Sigo por él tactando la pared. Bien pronto un aire más fresco me acaricia el rostro; el aire salino, el aire del mar, ese aire que no he respirado desde hace cinco meses, y que aspiro ahora con ansia. El otro extremo del corredor se corta sobre un cielo estrellado. Ninguna sombra le obstruye. Tal vez voy a poder salir de Back-Cup.
Después de echarme, me arrastro lentamente, sin ruido; al llegar junto al orificio, miro…
¡Nadie! ¡Nadie!
Rasando la base del islote hacia el Este, por la parte que los arrecifes hacen inabordable, y que no debe de ser vigilada, llego ante una estrecha excavación, precisamente al pie del arco natural que forma el asa de la «taza al revés».
En fin: estoy fuera de la caverna, no libre, pero esto es un principio de libertad.
Desde este sitio veo al Oeste una de las cimas de Back-Cup proyectada en el mar, y sobre la que se destaca la silueta de algunos veleros.
El cielo está puro, y las constelaciones brillan con el resplandor intenso de las frías noches de invierno.
En el horizonte, hacia el Noroeste, formando una línea luminosa, se muestran los fuegos de posición de los navíos.