Ante la bandera
Ante la bandera —Necesaria, en efecto, señor Director, y vale más, para el reposo del mundo, que el secreto de su invención muera con él.
Gaydón, después de haber mirado al Conde de Artigas, no había pronunciado una palabra, y, precediendo a los dos extranjeros, se dirigió hacia el fondo del cercado. A los pocos pasos los visitantes se encontraron frente a Tomás Roch.
Éste no les había visto llegar, y cuando estuvieron a poca distancia de él, es presumible que no se fijó en ellos.
Entretanto, el capitán Spada examinaba la disposición del sitio, el lugar ocupado por el pabellón 17 en la parte inferior del parque de Healthful-House. Cuando subió los paseos en cuesta, distinguió con facilidad la extremidad de un mástil que sobresalía por cima del muro. Para reconocer que era de la goleta Ebba bastóle una rápida mirada, y pudo también asegurarse de que por aquel lado el muro se alargaba por la ribera derecha del Neuze.
Entretanto, inmóvil y mudo, el Conde de Artigas observaba al inventor francés.