Ante la bandera
Ante la bandera Tomás Roch se habÃa levantado y el fuego del triunfo brillaba en sus ojos.
—Ya lo ve usted —dijo el Director dirigiéndose al Conde de Artigas—. La idea de su invento no le abandona jamás.
—Y morirá con él —afirmó el guardián Gaydón.
—¿No podrÃa usted, Gaydón, hacerle hablar de su explosivo, de su deflagrador?
—Si usted me lo ordena, señor Director…
—SÃ, porque creo que esto interesará al señor Conde.
—En efecto —respondió éste, sin que su frÃo rostro dejase traslucir los sentimientos que le agitaban.
—Se corre el riesgo de provocar una nueva crisis, —observó el guardián.
—Usted pondrá fin a la conversación cuando lo juzgue conveniente. DÃgale usted a Tomás Roch que un extranjero desea tratar con él de la compra de su aparato.
—Pero ¿no teme usted que se le escape el secreto? —dijo el Conde de Artigas.
E hizo la pregunta con tal viveza, que Gaydón no pudo contener una mirada de desconfianza, que no pareció inquietar al impenetrable personaje.