Ante la bandera
Ante la bandera —Ninguno que pueda sernos de utilidad. Por su situación tras ese muro, el pabellón es fácilmente abordable, y si persiste usted en sus proyectos…
—Persisto, Spada.
—¿A pesar del estado en que Tomás Roch, se encuentra?
—A pesar de él…; y si conseguimos un rapto…
—Eso es cosa mÃa; y en cuanto la noche llegue, yo me encargo de penetrar en el parque de Healthful-House, y en el cercado del pabellón 17, sin que nadie me vea.
—¿Por la puerta de entrada?
—No; por este lado.
—Pero por este lado está el muro, y después de haberle franqueado, ¿cómo le volverás a escalar con Tomás Roch?… Si ese loco llama, si opone alguna resistencia…, si su guardián da la voz de alarma…
—No le inquiete a usted eso. Entraremos y saldremos por aquella puerta.
Y el capitán mostraba, a algunos pasos, una estrecha puerta colocada en medio del muro, y que sin duda no servÃa más que a los empleados de la casa cuando su servicio les llamaba a las riberas del Neuze.
—Por ahà —continuó el capitán Spada— tendremos acceso al parque, y no será preciso ni el trabajo de emplear una escala.
—Pero esa puerta está cerrada.