Ante la bandera
Ante la bandera —Se abrirá.
—¿No tiene cerrojos por dentro?
—Los he descorrido durante mi paseo tras los macizos en la parte baja del jardÃn, y sin que el Director haya advertido nada.
El Conde de Artigas se aproximó a la puerta y dijo:
—Está cerrada con llave.
—He aquà la llave —respondió el capitán Spada. Y sacó una llave que habÃa retirado de la cerradura después de descorrer los cerrojos.
—Muy bien, Spada —dijo el Conde—. Probablemente el rapto no presentará muchas dificultades. Vamos a la goleta. A las ocho de la noche una embarcación te dejará en tierra con cinco hombres.
—SÃ…,cinco hombres. Con éstos bastará, aun en el caso en que ese guardián estuviera despierto y fuera menester desembarazarse de él.
—¿Desembarazarse de él? —dijo el Conde—. Sea, si es absolutamente preciso; pero es preferible apoderarse de ese Gaydón y conducirle a bordo de la Ebba. ¡Quién sabe si no habrá sorprendido ya parte del secreto de Tomás Roch!
—Es posible.
—Además, Tomás Roch se ha acostumbrado a él, y no quiero cambiar en nada sus costumbres.