Ante la bandera
Ante la bandera No sabrÃa explicármelo de otro modo. En todo caso, puesto que el propulsor no puede ser más que una hélice, inclinándome por encima de la baranda veré, funcionar esta hélice, y no me quedará más que reconocer el mecanismo de que proviene su movimiento.
El timonel me deja aproximarme a la popa, no sin dirigirme una mirada irónica.
Me inclino hacia fuera… y observo.

Ni huella de esos remolinos que hubiera producido la rotación de una hélice. Sólo una estela plana se extiende a tres o cuatro encabladuras, como la que deja un barco arrastrado por un velamen poderoso. ¿Cuál es, pues, el aparato propulsivo que comunica a esta goleta tan maravillosa velocidad? Ya he dicho que el viento es más bien contrario…
Yo lo sabré; y sin que la tripulación se ocupe de mÃ, vuelvo a proa.
Al llegar a la chupeta me encuentro en presencia de un hombre cuyo rostro no me es desconocido. Parece esperar a que yo le dirija la palabra.
Recuerdo entonces. Es el personaje que acompañó al Conde de Artigas durante la visita de éste a Healthful-House. SÃ… No hay error posible.