Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral Aquellos alrededores habían sido visitados con frecuencia por los traficantes de marfil y ébano, pues tal era el nombre que los traficantes de esclavos daban a los negros. Aquella orilla del Ngami era uno de los puntos elegidos para repostar fuerzas, pues los traficantes recorrían la región buscando indígenas y los trasladaban luego a los puntos de venta, parando en la montaña para resguardarse de los ataques de las tribus más belicosas.
Los traficantes habían fortificado aquella cima para protegerse, por tanto, de estos ataques. Tal era el origen del fortín, si bien estaba por entonces casi en ruinas.
Ahora bien, por destrozado que estuviese el fortín, aún ofrecía un seguro refugio a los europeos. Detrás de sus murallas, hechas de grueso asperón, y armados con sus rápidos y precisos fusiles, los expedicionarios podían enfrentarse con un ejército de makololos, en tanto que no les faltasen el agua, los víveres y las municiones.
Las municiones estaban perfectamente aseguradas en uno de los carromatos que los marineros, antes de producirse el ataque de los indígenas, colocaron al pie de uno de los flancos de la montaña. Allí se encontraba también la chalupa y allí descendían a buscar el agua cada vez que les hacía falta.