Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral Calzaba sandalias de cuero de buey y se adornaba con aros de marfil en las orejas, muñecas y antebrazos. Por encima de su gorro se veía la cola de un antílope y portaba en su mano una vara adornada con un puñado de pequeñas plumas negras de avestruz. Una espesa capa de pintura ocre le cubría de pies a cabeza.
Mulibahan se acercó a los blancos con aspecto grave y les agarró por la nariz uno tras otro. Los rusos se dejaron hacer, conservando su seriedad, pero los ingleses no se mostraron tan tranquilos. Sin embargo, todos comprendieron al instante que, de acuerdo con las costumbres africanas, aquélla era una solemne obligación del jefe de la tribu. De este modo daba la bienvenida a los hombres blancos y les ofrecía su hospitalidad.
Terminada la operación, Mulibahan se retiró sin haber pronunciado una sola palabra.
—Bien —empezó a decir el coronel Everest con su ironía habitual—, puesto que ya nos hemos naturalizado bechuanas, ocupémonos de nuestros asuntos sin perder un minuto más.
La indicación fue seguida al pie de la letra. Se dispuso lo necesario en los días que siguieron para llevar a cabo la expedición, pero, a pesar del grado extremo de organización y rapidez impuestas por el coronel, la comisión no estuvo en condiciones de partir antes de los primeros días de marzo. Pese a todo, las fechas entraban en el plan previsto.