Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral Su temperamento flemático se manifestaba en todas sus acciones, no dejando dudas sobre su origen inglés. Su traje indicaba que los desplazamientos no le eran familiares, pues más parecía un funcionario que un indómito aventurero.
Pero William Emery no era ni lo uno ni lo otro, sino un sabio distinguido, astrónomo agregado al observatorio de El Cabo.
Asombrado por las maravillas de aquella región desierta del África austral, situada a algunos centenares de kilómetros de El Cabo, Emery disfrutaba de la paz del momento, ajeno a las impaciencias que atacaban habitualmente al intrépido cazador.
—Cálmate, Mokoum —decía el astrónomo—. No hay nada que te divierta cuando no estás cazando, pero ya falta poco para que lleguen los que esperamos.
—Señor Emery —respondió el cazador en un perfecto inglés—, hace ya ocho días que estamos aquí y aún no sabemos nada de ellos. Ningún hombre de mi tribu ha permanecido nunca ocho días en el mismo lugar y comienzo a impacientarme.
—Querido amigo, venir desde Inglaterra no es fácil, de modo que bien podemos concederles un retraso de ocho días.