Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral Los viajeros que estaban esperando debían emprender un viaje de exploración por el África austral. Emery y Mokoum habían recibido la orden de prepararlo todo y aguardar la llegada del coronel Everest en las cascadas de Morgheda, hecho que cumplimentaban en ese momento.
Mokoum apretó fuertemente el cañón de su rifle, en un gesto que le era característico. Portaba un Manton de excelente factura, con bala cónica, que le permitía abatir un antílope a una distancia de ochocientos metros. A diferencia de sus compañeros bushmen, prefería las armas europeas al carcaj y las flechas envenenadas.
—¿Está usted seguro de que la cita es aquí, en las cascadas de Morgheda, a finales de enero? —preguntó Mokoum con desconfianza.
—Desde luego —respondió el astrónomo.
Mas, como el cazador no pareciera quedar muy satisfecho con esta afirmación, Emery le mostró la carta que le había enviado el señor Airy, director del observatorio de Greenwich.
Mokoum dio vueltas y más vueltas al papel, hasta que al final se lo tendió a Emery con la petición de que se lo leyera.
El joven sabio, dotado de una paciencia a prueba de las impaciencias de su amigo y compañero, relató una vez más la historia que ya le había repetido unas veinte veces en el curso de los últimos tiempos.