Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral —De acuerdo, amigo mÃo —repuso Sir Murray—. No tengo inconveniente en dar tantas pruebas de paciencia como desees. Pero recuerda que la caravana sólo descansará durante tres o cuatro dÃas, y no podemos perder ni un minuto.
—En ese caso, mataremos lo que se nos ponga a tiro, sin detenernos a elegir entre un antÃlope, un gamo, una gacela o un ñu. Cualquier cosa habrá de parecernos buena.
—¿Es que para ti un antÃlope o una gacela son piezas de caza menor? Me doy por satisfecho si consigo hacer blanco en cualquiera de esos animales. Pero, entonces, ¿qué esperabas poder ofrecerme para mi estreno en tierras africanas?
Mokoum miró al inglés con una sonrisa irónica, no exenta de cierto toque de cariño, y respondió:
—SuponÃa que no se darÃa usted por satisfecho a menos que matara un rinoceronte o una pareja de elefantes.
—Iré donde me lleves y mataré lo que me digas que debo matar. Estoy a tu disposición, experto cazador.
—En ese caso, avivaremos el paso.
Las monturas fueron puestas al trote y ambos cazadores avanzaron rápidamente hacia el bosque.