Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral Atravesaron una llanura sembrada de innumerables materiales, de los cuales se desprende una resina viscosa que los indígenas emplean para curar las heridas. Aquí y allá, formando grupos pintorescos, se alzaban las higueras de sicomoros que caracterizan aquella región. En sus ramas charlaban numerosos loros de vistosos colores.
Transcurrida una hora desde que dejaron el kraal, los cazadores llegaron al lindero del bosque, formado por un gran espacio que medía muchos kilómetros cuadrados. En él predominaban las acacias.
El ramaje de las acacias, cuidadosamente entrelazado, impedía el paso de los rayos de sol. Mokoum y Sir Murray se abrieron paso entre los trancos irregularmente esparcidos y cabalgaron bajo la espesa bóveda, encontrando de cuando en cuando algunos claros que les permitían detenerse a observar con detenimiento la espesura.
Su primera jornada de caza no fue muy favorable. El inglés y el bushman recorrieron en vano buena parte de la selva, pues ningún ejemplar de la fauna africana se molestó en darles la bienvenida. Tal vez la vecindad del kraal había contribuido a alejar la caza, ya de por sí muy desconfiada.