Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral —¿Y bien? —preguntó a su vez el aristócrata cuando hubo cumplimentado las instrucciones de su amigo.
—Si mañana al amanecer desea que nos pongamos al acecho en este lugar —exclamó Mokoum—, le aconsejarÃa que no se olvidara de traer su carabina.
—¿Qué quieres decir? No te comprendo.
—¿Ve usted esas huellas frescas en la tierra húmeda?
—¿Te refieres a esas enormes marcas en el suelo?
—Asà es.
—¿Crees que han sido producidas por animales?
—En efecto.
—¡No es posible! ¡Los pies que las hayan trazado tienen más de medio metro de circunferencia!
—Lo cual prueba que esas huellas pertenecen a un animal que ha de medir más de dos metros y medio de altura.
Sir John le miró incrédulo y exclamó:
—¿Un elefante?
—SÃ, señor. Y si no me equivoco, un macho adulto.
—¡Entonces, vendremos mañana!
—Desde luego, señor.