Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral El bushman espoleó su cebra y corrió a cortar la retirada del macho grande, no sin antes advertir a su compañero:
—¡No se mueva!
El animal no trató de escapar. Sir John le observaba emocionado con el dedo puesto en el gatillo de su arma.
El elefante manifestaba su cólera golpeando con fiereza con su trompa las ramas de los árboles, pero no daba pruebas de especial inquietud, pues todavía no había percibido al enemigo.
Mas, cuando le vio, se abalanzó contra él. Sir Murray, apostado a unos sesenta pasos del paquidermo, esperó a que llegara hasta cuarenta y, apuntándole a uno de sus flancos, hizo fuego.
Pero un movimiento de su caballo desvió el tiro y la bala sólo atravesó las carnes blandas, sin tropezar con una zona dura donde poder estallar.
El elefante, visiblemente furioso, aumentó su carrera, y el corcel del aristócrata emprendió el galope sin que su amo pudiera dominarlo.
El paquidermo inició la persecución del caballo, enderezando las orejas y lanzando gritos con su trompa que asustaban aún más si cabe a la montura de Sir John. El cazador, arrebatado por su cabalgadura, la oprimía con sus piernas vigorosas, mientras intentaba meter un cartucho en la recámara de su carabina.