Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral Aunque, al no producirse la condensación en las capas superiores, el suelo no recibió ni una gota de agua. Solamente ocurrió que el cielo apareció nublado durante unos días.
Mas esto no bastó para que pudieran proseguir las operaciones, pues la niebla intempestiva impedía ver los puntos de mira con precisión.
A la vista de la situación, la comisión decidió establecer señales con fuego, pues no había tiempo que perder. Se trabajó durante la noche y, por consejo de Mokoum, se tomaron algunas precauciones para proteger a los observadores, porque las fieras, atraídas por el brillo de las lámparas eléctricas, se agrupaban alrededor de las estaciones.
Los cálculos se hacían más lentamente, debido al temor por la presencia cercana de los leones y otros animales, que llenaban el aire con sus rugidos, pero no por ello se trabajó con menor exactitud.
Obedeciendo órdenes de Mokoum, cada estación fue protegida por un grupo de cazadores. Este hecho fue aplaudido con entusiasmo por Sir Murray, que permanecía con un ojo atento a la triangulación y con el otro seguía los movimientos de los animales, haciendo algún disparo entre dos observaciones cenitales.