Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral Lo que en un principio parecía un conjunto de rocas y ramas, no era sino un tremendo hipopótamo que se dejaba arrastrar por la corriente. Al sentir el golpe de la embarcación, el animal levantó la cabeza y miró con ojos estupefactos a los intrusos. Tras comprobar de qué se trataba, el paquidermo, que medía unos tres metros de largo, dejó ver unos tremendos incisivos caninos y arremetió contra la embarcación, mordiéndola con rabia.
Pero allí estaba Sir Murray. El aristócrata, provisto una vez más de su habitual sangre fría, apuntó serenamente al animal con su arma, de la que no se desprendía en ningún momento desde el ataque del elefante, y le hirió cerca de la oreja.
El hipopótamo dio una sacudida feroz, pero no soltó la canoa. Murray cargó de nuevo el rifle y efectuó un segundo disparo, que hirió a la bestia en la cabeza. El tiro fue mortal y aquella mole carnosa se sumergió casi en seguida, empujando antes la canoa, en una convulsión de su agonía, lejos de su cuerpo.
Y antes de que los pasajeros pudieran recobrarse de la emoción sufrida, la embarcación empezó a girar sobre sí misma para recuperar oblicuamente la dirección del rápido.