Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Estos sitios, faltos de las reparaciones convenientes, presentaban un aspecto poco confortable; aquí y allá plantas de diversas procedencias, hojas de puerta, placas de zinc, etc. tapaban las grietas de los muros, y los tejados de paja estaban cargados de gruesos guijarros para resistir la fuerza de los huracanes.
Entre los tres cuerpos de edificio se extendía un patio con puerta cochera, fijada en dos montantes. Un seto vivo formaba una cerca adornada con esas brillantes fucsias, tan abundantes en el campo irlandés. En el interior del patio, el césped, donde vienen a picotear los pajarillos. En el centro una balsa de agua clarísima rodeada de ramos de azaleas, de margaritas de un amarillo de oro y de asfodelos silvestres. La caña de los tejados alrededor de largas piedras no estaba menos florida que el césped y las hayas del patio.
