Aventuras de un niño irlandés

Aventuras de un niño irlandés

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Si la tierra alimenta a los animales, éstos contribuyen a alimentar a la tierra. Ninguna explotación es posible sin ellos. Los unos sirven para trabajar el campo, los otros dan productos naturales, huevos, carne, leche. De todo sale el abono necesario para el cultivo. Así, en la granja de Kerwan se contaban seis caballos, y apenas bastaban cuando, unidos de dos en dos o de tres en tres cavaban con el arado las tierras rocosas. Bestias animosas y pacientes como sus amos, y que no por no estar inscritos en el Stud-book, libro de oro de la raza equina, dejan de prestar servicios reales, contentándose con unas berzas cuando el forraje falta. Un asno les hacía compañía, y no era cardo lo que le faltaba, pues todas las vallas no podrían destruir aquella invasión parásita en las tierras irlandesas.

Entre los animales de establo, debemos mencionar una docena de vacas y un centenar de carneros, de cabeza negra y lana blanca, cuya alimentación constituye un problema en invierno, cuando el suelo se cubre de nieve. No hay tantos motivos de inquietud para alimentar las cabras, de las que Martin MacCarthy poseía unas veinte, puesto que ellas se buscan su sustento. Si falta hierba se contentan con hojas que resisten a los más intensos fríos.

Respecto a los puercos, conviene advertir que una docena de estos animales tenían su pocilga en los anejos de la derecha, y sólo se les engordaba para comerlos.


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