Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés En los cálculos del labrador no entraba el dedicarse a la venta de ellos, aunque en Limerick existe un importante comercio de jamones, que valen tanto como los de York, y se venden regularmente como tales.
Pollos, patos, ánades, hay en número suficiente para llenar de huevos el mercado de Tralée. Pero pocos pavos y pichones. Estas aves casi no se encuentran en los corrales de las granjas de Irlanda.
Conviene citar un perro de Escocia para guardar los rebaños de carneros. Nada de perros de caza, aunque ésta abunda en aquellas tierras, ellos silvestres, chochas y cabras salvajes. ¿Para qué? La caza es un placer de los landlords. La licencia es cara y sólo aprovecha al fisco británico, y además, para tener el derecho de poseer un perro de caza, se debe justificar que se posee una propiedad de mil libras por lo menos.
Tal era la granja de Kerwan, casi aislada en el fondo de un ángulo que forma el Cashen, a cinco millas de la parroquia de Silton. Ciertamente existen tierras peores en el condado, de esas ligeras y silÃceas que no conservan el abono, y cuyo arriendo no sube más de una corona el acre.
Pero, a pesar de todo, el cultivo de Martin MacCarthy era de mediana calidad.