Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Delante de la parcela explotada se extendÃan áridas planicies, cubiertas de inevitable matorral. Por encima, grandes bandadas de cuervos ávidos del grano sembrado, y de esos pájaros que destrozan el grano formado. A lo lejos, espesos bosques de abedules y de alerces, fuertemente sacudidos en la estación de los huracanes. En suma, un curioso paisaje, digno de atraer a los turistas, con perspectivas magnÃficas envueltas en bruma; aunque paÃs duro para los que lo habitan, tierra que a menudo se convierte en madrastra para los que la cultivan.
¡Quiera el cielo que la recolección de la patata, verdadero pan de la isla, no falte ni en Kerry ni en los demás sitios! Cuando falta, aparece el hambre en todo su horror[2].
AsÃ, después de haber cantado el God save the Queen, plegaria de los irlandeses, completadla diciendo:
—God save the potatoes.