Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Si se pregunta el nombre del niño, la respuesta será que no lo tenÃa. HabÃa sido encontrado en un rincón de una calle de Donegal, a la edad de seis meses, envuelto en un pedazo de grosera tela, con la cara amoratada, y no más que con un soplo de vida. Trasladado al hospital, habÃasele puesto con los otros niños y nadie se ocupó de su nombre. ¡Qué queréis! Un olvido. Por costumbre se le llamó Little boy, después Hormiguita, y éste fue el calificativo que, como sabemos, le quedó.
Era muy probable, además, aunque Grip, por una parte, y Miss Anna Waston, por otra, lo dudasen, que no perteneciera a una familia rica, a la que hubiera sido robado. ¡Esto sólo ocurre en las novelas!
De los tres productos de esta camada ¿no es ésta la palabra? Hormiguita era el más joven, dos años y nueve meses solamente; moreno, con ojos brillantes que prometÃan ser enérgicos andando el tiempo, si la muerte no los cerraba prematuramente; de una constitución que llegarÃa a ser robusta, si el aire mefÃtico de aquella zahúrda, y lo insuficiente del alimento, no impedÃan su desarrollo, haciéndole vÃctima de un precoz raquitismo.