Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés La víspera se había acabado lo que quedaba del stirabout, unas groseras gachas de harina de avena, y después nadie había vuelto a probar bocado en la choza. La Hard se sostenía con la ginebra y no gastaría un solo penique de lo que tenía en reserva. Veríase, pues, reducida a comer en un rincón del camino algunas mondaduras de patatas.
En este momento algunos gruñidos sonaron fuera. Abrióse la puerta, y un cerdo que erraba por las calles penetró en la choza. El animal, hambriento, se puso a hozar por los rincones. Después de haber cerrado la puerta, La Hard miró al animal con esa mirada vaga de los borrachos que no se fija en ninguna parte. Sissy y Hormiguita se levantaron para huir del cerdo. El instinto de éste le hizo descubrir, tras el fuego apagado sobre el cieno gris, una gruesa patata que había rodado a aquel sitio. Después de un nuevo gruñido la cogió.

Hormiguita lo vio. Aquella patata la necesitaba. Se lanzó hacia el cerdo y se la arrancó a riesgo de ser mordido. Llamó a Sissy y la devoraron con gran gusto.
El animal había quedado inmóvil; después, lleno de rabia, se lanzó contra el niño.