Aventuras de un niño irlandés

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XIV

Y AÚN NO TENÍA NUEVE AÑOS

PASADO aquel gran día, la granja volvió a los trabajos del campo.

Seguramente Pat no notó que había venido en busca de descanso. Con tal ardor ayudaba a su padre y hermanos. Estos marinos son verdaderamente rudos trabajando hasta fuera de su oficio.

Pat llegó en lo más fuerte de la siega, que fue seguida de la recolección de legumbres. Él trabajaba como un gaviero de mesana, expresión de la que se servía y que fue preciso explicar a Hormiguita. Siempre había que explicarle el por qué de las cosas. No se alejaba de Pat que había hecho amistad con él, una amistad de marinero por su aprendiz. Cuando la jornada se había acabado, cuando todo el mundo estaba a la mesa para comer, ¡qué alegría sentía Hormiguita al oír referir al marinero sus viajes, los incidentes en que había tomado parte, las tempestades que había pasado a bordo del Guardián, las hermosas y rápidas travesías de los navíos!… ¡Lo que sobre todo le interesaba era los ricos cargamentos transportados por cuenta de la casa Marcuard y el embarque de las mercancías cargadas con destino a Europa! Sin duda alguna la parte comercial de estas cosas era la que más conmovía su espíritu práctico. En su pensamiento, el armador era antes que el capitán.

—Entonces —preguntaba a Pat— ¿esto es lo qué se llama el comercio?


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