Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —Pasea en el parque.
—Presente mis cumplimientos a su señorÃa lady Piborne, diciéndole que desearÃa tener el honor de hablarle lo más pronto posible.
John volvióse derecho, un criado bien educado no se puede inclinar en el servicio, y salió del gabinete con paso mecánico para cumplir las órdenes de su amo.
Su señorÃa lord Piborne tiene cincuenta años (cincuenta años más que unir a algunos siglos que cuenta su egregia familia, virgen de todo lo que pudiera desmentir su nobleza). Miembro respetable de la Cámara Alta, echa de menos los antiguos privilegios feudales, los tiempos de las rentas y dominios, las prácticas de los altos justicias, sus antecesores, los homenajes que les rendÃan sin distinción. Es marqués; su hijo, conde. Los barones, caballeros y otros de orden inferior, apenas si, en su opinión, tienen derecho a figurar en la verdadera nobleza. Alto, delgado, con mirada desdeñosa y palabra escasa, lord Piborne representa el tipo de esos gentilhombres envueltos en sus viejos pergaminos, y que, afortunadamente, tienden a desaparecer hasta en ese aristocrático reino de Gran Bretaña e Irlanda.