Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —SÃ, ¡un perro! —respondió Thornpipe malhumorado—; un perro en una caja giratoria. Mucho tiempo y mucha paciencia me ha costado adiestrarlo. ¿Y qué he recibido en pago de mi trabajo? ¡Ni la mitad de lo que se da al cura de la parroquia por una misa!
En el instante en que Thornpipe acababa esta frase, el mecanismo se detuvo, con gran descontento del público, cuya curiosidad no estaba aún satisfecha. Y como Thornpipe se dispusiera a echar la tapa de la caja, anunciando que la representación estaba terminada, preguntole el farmacéutico.
—¿No consentirÃa en dar una segunda?
—No —respondió bruscamente Thornpipe, que se veÃa asediado por miradas de sospecha.
—¿Ni aunque se le asegurase una ganancia de dos chelines?
—¡Ni por dos, ni por tres! —exclamó Thornpipe.
Sólo deseaba partir; pero el público no parecÃa dispuesto a permitÃrselo. Sin embargo, a una señal de su amo, el perro tiraba ya de la carreta cuando una larga queja, entrecortada por sollozos, escapóse de la caja. Furioso, Thornpipe gritó como antes:
—¡Callarás, hijo de perro!
—¡No es un perro lo que hay ahÃ! —dijo el cura deteniendo la carreta.
—¡SÃ! —respondió Thornpipe.