Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —¡No; es un niño!
—¡Un niño! ¡Un niño! —repitieron los espectadores.
En los sentimientos de éstos acababa de operarse un cambio.
A la curiosidad sustituÃa la compasión que se manifestaba en actitud poco agradable para Thornpipe. ¡Un niño encerrado en el fondo de aquel cajón, donde apenas podrÃa respirar, y golpeado con un látigo cuando se detenÃa por falta de fuerzas para mover la caja!
—¡El niño!… ¡El niño!… —gritaron enérgicamente.
Thornpipe quiso resistir y empujar la carreta por detrás.
Fue en vano. El panadero la cogió de un lado, el droguero por otro y la sacudieron. Jamás la corte real se encontró en fiesta parecida; los prÃncipes tropezando con las princesas; los duques con los marqueses; el primer ministro cayendo y arrastrando en su caÃda al ministerio; semejante caos jamás se producirÃa en el palacio de Osborne, aunque la isla de Wight fuera agitada por un temblor de tierra.
Sujeto Thornpipe, aunque se defendÃa furiosamente, inspeccionóse la carreta y el droguero sacó a un niño de la caja.