Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés EN TRELINGAR-CASTLE
EN el momento en que se abrÃa la puerta del pabellón, el intendente Scarlett se preparaba a franquear la verja del patio de honor para ir a Kanturk, siguiendo las instrucciones de lord Piborne. Los perros del conde Ashton, sintiendo a Birk, se pusieron a ladrar con furia.
Temiendo Hormiguita que de aquà resultase una lucha en la que Birk tendrÃa la desventaja del número, le hizo seña para que se alejase, y el obediente animal fue a apostarse tras un zarzal para no ser visto.
Al ver a este joven que se presentaba a la puerta del castillo, mister Scarlett le gritó que se aproximara.
—¿Qué quieres? —le dijo duramente.
Pues si el intendente se mostraba dulce con los grandes personajes, era brutal con los niños; una amable naturaleza, ¿no es cierto?
Las palabras fuertes no intimidaban al niño. Las habÃa oÃdo en casa de la Hard, con Thornpipe, en la Ragged-School. Pero como era conveniente, se quitó su gorra y avanzó hacia mister Scarlett, a quien no tomó por su señorÃa lord Piborne, dueño del dominio de Trelingar.
—¿Dirás lo que vienes a hacer aqu� —volvió a preguntar mister Scarlett—. Si quieres una limosna puedes marcharte. No doy a los andrajosillos de tu especie, no, ni un copper.
