Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —¿Ha venido a hablarme?
No le tuteó, aunque era un niño. Suma distinción; el marqués no habÃa jamás tuteado a nadie, ni a la marquesa, ni al conde Ashton, ni hasta a su nodriza cincuenta años antes.
—Hable —añadió.
—¿El señor marqués estuvo ayer en Newmarket?
—SÃ.
—¿Ayer por la tarde?
—SÃ.
Mister Scarlett estaba asombrado. ¡Aquel chicuelo interrogaba a su señorÃa y éste se dignaba responderle!
—Señor marqués —añadió el niño—, ¿ha perdido una cartera?
—En efecto… y esa cartera…
—La he encontrado en Newmarket, y se la traigo.
Y tendió a lord Piborne la cartera cuya desaparición habÃa causado tantas confusiones, autorizado tantas sospechas y comprometido tantos inocentes en Trelingar-Castle. Aunque fuese duro para su amor propio, la falta era de su señorÃa, y la acusación contra los criados caÃa por sà sola, y el viaje del intendente se hacÃa innecesario.
Lord Piborne recibió la cartera, en el interior de la cual estaban escritos su nombre y dirección, y vio que contenÃa los papeles y el cheque contra el Banco.