Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —¿Es usted quien la ha encontrado? —preguntó.
—SÃ, señor marqués.
—¿Y sin duda la ha abierto?
—La he abierto para saber a quién pertenecÃa.
—Ha visto que habÃa un cheque. ¿Pero tal vez no conocÃa su valor?
—Un cheque de cien libras —respondió Hormiguita sin dudar.
—Cien libras, ¿qué valen?
—Dos mil chelines…
—¡Ah! ¿Sabe esto, y no ha tenido el pensamiento de apropiárselo?…
—Yo no soy un ladrón, señor marqués —dijo orgullosamente Hormiguita—, como tampoco soy un mendigo.
Lord Piborne habÃa cerrado la cartera, después de sacar de ella el cheque, que guardó en su bolsillo. En cuanto al joven, después de saludar, daba algunos pasos atrás cuando su señorÃa le dijo, sin dejar ver, por otra parte, que aquel acto de honradez le hubiera conmovido:
—¿Qué recompensa quiere por haber traÃdo la cartera?…
—¡Bah! Algunos chelines —dijo el conde Asthon.