Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —O algunos peniques, es todo lo que vale —se apresuró a añadir mister Scarlett.
Hormiguita se sintió molesto al ver que se le regateaba cuando nada habÃa reclamado, y dijo:
—Nada se me debe; ni peniques ni chelines.
Y se dirigió hacia el camino.
—Espere —dijo lord Piborne—. ¿Qué edad tiene?
—Muy pronto diez años y medio.
—¿Y su padre… su madre?…
—No tengo ni padre ni madre.
—¿Vuestra familia?
—No tengo familia.
—¿De dónde viene?
—De la granja de Kerwan, en la que he vivido cuatro años, y la que he abandonado hace cuatro meses.
—¿Por qué?
—Porque el labrador que me habÃa recogido ha sido arrojado por los agentes.
—¡Kerwan! —repitió lord Piborne—. Creo que pertenece a los dominios de Rockingham.
—Su señorÃa no se equivoca —respondió el intendente.
—Y ahora, ¿qué va a hacer? —preguntó el marqués a Hormiguita.
—Voy a volver a Newmarket, donde hasta ahora he encontrado medios de ganarme la vida.