Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Durante aquellos tres meses, la ocupación de lord y lady Piborne había consistido únicamente en recibir y devolver visitas a los personajes de la vecindad; y claro es que en estas recepciones los landlords no hablaban más que de la situación de los propietarios irlandeses. ¡Y cómo trataban de las reivindicaciones de los colonos, de las pretensiones de la liga agraria de mister Gladstone, entonces de edad de setenta y tres años; de mister Gladstone, que se confesaba partidario de la libertad de Irlanda, y de mister Parnell, al que consideraban caritativamente la más alta potencia de la isla Esmeralda! Una parte del verano transcurrió así. Generalmente lord Piborne, lady Piborne y su hijo abandonaban el castillo para un viaje de algunas semanas, casi siempre a Escocia, a las tierras patrimoniales de la marquesa. Por excepción, aquel año el viaje debía consistir en una excursión que las tradiciones del gran mundo imponían a los señores de Trelingar y que todavía no habían cumplido. Se trataba de admirar la región de los lagos de Killarney, y habiendo recibido el proyecto la aprobación de la marquesa, lord Piborne fijó la partida para el 3 de agosto.