Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —¡También tú!
Asà lo hizo Bob, resultando no menos negro que Grip.
¡Bob! Esto se quitarÃa enjabonándose las manos y la cara a bordo del Vulcan, en el sitio donde se acostaba Grip. ¡Ir a bordo! Bob no podÃa creerlo.
Un instante después los tres amigos, y también Birk, embarcábanse en el you-you que Grip conducÃa, con extrema alegrÃa de Bob al sentirse balanceado de aquel modo, y en menos de dos minutos estaban junto al Vulcan.
El contramaestre saludó afablemente a Grip, y éste hizo bajar a sus invitados por la chupeta de las calderas, y dejaron a Birk correr por el puente.
Una vez allÃ, llenaron de agua clara una cubeta que estaba al pie del sitio destinado a Grip, lo que les permitió recobrar su color natural. Después, mientras se vestÃa, Grip contó su historia.