Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —¿Ese animal que da vueltas en torno a m� ¿Es vuestro perro?
—Nuestro amigo, Grip. Un amigo como tú…
Grip se sintió lisonjeado por la comparación, y Birk recibió una caricia.
—¿Pero y el capitán? —dijo Bob, que manifestaba una duda muy natural.
—El capitán está en tierra y el contramaestre os recibirá como a unos milores.
Bob no dudó… ¡En compañÃa de Grip!
—Y además —añadió Grip—, es preciso que yo haga mi aseo, que me lave de la cabeza a los pies, ahora que he terminado mi servicio.
—¿Vas a estar, pues, libre todo el dÃa?
—Todo el dÃa.
—¡Bob, qué excelente idea hemos tenido en venir a Queenstown!…
—¡Ya lo creo! —dijo Bob.
—Y es preciso —añadió Grip— que tú te limpies también. Te he puesto negro, Hormiguita. ¿Te sigues llamando asÃ, no?
—SÃ, Grip.
—Me gusta mucho ese nombre.
—Grip, yo te querrÃa abrazar una vez más.
—No te detengas, niño, puesto que te vas a remojar la nariz en una tina.
—¿Y yo? —dijo Bob.