Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Este nombre hizo impresión a Bob.
—¿Y qué calienta, señor? —preguntó—. ¿La comida?
—No… pequeño —respondió Grip—. ¡La caldera que hace marchar nuestra máquina, que hace marchar nuestro barco! Vamos, quiero decir que soy fogonero.
Hormiguita presentó a Bob a su antiguo protector de la Ragged-School.
—Una especie de hermano —dijo—, que he encontrado en el camino, y que te conoce bien, pues yo le he contado muchas veces nuestra historia. ¡Ah! ¡Mi buen Grip, tendrás muchas cosas que decirme, desde cerca de seis años que hace que nos separamos!
—¿Y tú? También muchas cosas ¿verdad?
—Pues bien; ven a almorzar con nosotros, en esa taberna donde Ãbamos a entrar.
—¡Ah! ¡No! —dijo Grip—. Vosotros seréis los que almorzaréis conmigo. ¡Ea! Venid a bordo.
—¡A bordo del Vulcan!
—SÃ.
—¡A bordo ambos!
Bob y Hormiguita no podÃan creer a Grip.
—Era como si les hubiera propuesto llevarles al paraÃso.
—¿Y nuestro perro?
—¿Qué perro?
—Birk.