Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —SÃ, tal vez. No sé. Es la primera vez que esto me sucede.
—Vamos a pasear —dijo Hormiguita.
Y asà se acabo aquella tarde. ¡Cuántos proyectos formaron los tres amigos mientras recorrÃan los muelles y las calles de Queenstown, escoltados por Birk!
Cuando llego el momento de separarse, cuando Grip acompañó a los niños al ferry-boat dijo:
—Nos volveremos a ver. No nos habremos encontrado para no vernos más.
—SÃ, Grip; en Cork, la primera vez que el Vulcan vuelva.
—¿Por qué no en DublÃn? Allà estaré algunas semanas. SÃ, en DublÃn, si tú te decides.
—¡Adiós, Grip!
—¡Hasta la vista, chiquillo!
Y se abrazaron, no sin una profunda emoción.
Bob y Birk también se despidieron de Grip; y cuando el ferry-boat solto amarras, Hormiguita le siguió largo tiempo con la mirada, mientras aquél subÃa por el rÃo.