Aventuras de un niño irlandés

Aventuras de un niño irlandés

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En las calles no había casi animación a aquella hora de la mañana. En Dublín la gente es poco madrugadora; allí, por otra parte, la industria es mediana. Pocas fábricas, a no ser algunos establecimientos que trabajan la seda, el lino, la lana, y principalmente la muselina, cuya fabricación fue en otra época importada por los franceses emigrados después de la revocación del edicto de Nantes. Verdad es que las cervecerías y destilerías son florecientes. Aquí se alza la importante y renombrada destilería de whisky de mister Roe. Allí la cervecería de mister Guiness, de un valor de ciento cincuenta millones de francos, que comunica por galerías subterráneas con el dock de Victoria, de donde parten cien navíos que llevan la cerveza a ambos continentes. Pero si la industria perece, el comercio, al contrario, tiende a acrecentarse sin cesar, y Dublín ha llegado a ser el primer mercado del Reino Unido, en lo que concierne a la exportación de cerdos y ganado mayor. Hormiguita sabía estas cosas por haberlas aprendido leyendo las estadísticas cuando vendía periódicos y folletos.

Ganando la parte del Liffey, Bob y él no perdían nada de lo que se ofrecía a su vista. Bob, muy locuaz, hablaba sin cesar, siguiendo su costumbre.

—¡Ah! ¡Esta iglesia! ¡Ah! ¡Esta plaza! ¡Qué edificio más grande!


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