Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —¿Una idea, Grip?
—SÃ: ¿qué has decidido hacer?
—Lo que haré, no; pero sà lo que no haré, Grip. Continuar nuestro comercio de Cork no resultarÃa en DublÃn. Hay mucha competencia para vender periódicos y folletos.
—Ésa es mi opinión.
—En cuanto a recorrer la calle con la carreta, ¿qué artÃculos podrÃa vender? Y hay muchos del oficio. No. Tal vez serÃa preferible establecerse; alquilar una tiendecilla.
—Bien, chico, bien.
—Una tienda en un barrio por el que pase mucha gente, y gente rica; una de esas calles… de Las Libertades por ejemplo.
—¡No se podÃa imaginar mejor! —dijo Grip.
—Mas ¿qué se venderÃa? —preguntó Bob.
—Cosas útiles y necesarias —respondió Hormiguita.
—¿Cosas que se coman, entonces? —preguntó Bob—. Pasteles, ¿no es eso?
—¡Qué goloso! —exclamó Grip—. Los pasteles no son útiles.
—SÃ, puesto que son buenos.