Aventuras de un niño irlandés

Aventuras de un niño irlandés

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y a lo lejos ni un barco, ni una barca de pesca. Además, aunque hubiera algún navío, sería difícil que viera a la Doris.

Sin embargo, ser visto era la única esperanza de salvación. De continuar hacia el oeste, la Doris se perdería sobre los arrecifes que bordean el litoral.

¿No era posible imprimirle una dirección que le acercase a los parajes frecuentados por los pescadores? En vano Hormiguita procuró instalar un pedazo de veta sostenida por dos cuerdas. No podía contar con sus propios esfuerzos y estaba en manos de Dios.

El día transcurrió sin que la situación se agravase. Hormiguita no temía que la Doris se hundiese, pues su grado de inclinación sobre estribor no podía ser mayor. No había que hacer más que una cosa: observar si por casualidad aparecía algún barco.

En espera de esto, nuestro joven comió para reponer sus fuerzas, y, lo repetimos, ni por un instante sintió que la desesperación se apoderase de él; no veía más que una cosa: que defendía sus intereses.

A las tres de la tarde, una humareda subió por el oeste. Una media hora después, un gran steamer se mostraba distintamente, dirigiéndose hacia el norte, a unas cinco o seis millas de la Doris.

Hormiguita hizo señales con una bandera puesta en la punta de un bichero… No fueron vistas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker