Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés En aquel momento llegó el oficial del puerto encargado de la información relativa al salvamento, con atribuciones para dar a quien de derecho correspondiese el navÃo y su cargamento… Una fortuna para los salvadores.
De repente apareció un joven. ¡Qué grito de alegrÃa lanzaron los suyos, y con qué grito de furor contestaron los pescadores!
En un instante Hormiguita está en el muelle… Sissy, Grip, mister O’Brien, todos le estrechan entre sus brazos. Y entonces, avanzando hacia el oficial del puerto.
—¡La Doris no ha sido nunca abandonada —dice con voz firme—, y lo que contiene es mÃo! En efecto: él habÃa salvado el rico cargamento con su presencia a bordo solamente.
Toda discusión hubiera sido inútil. El derecho del joven era incontestable. La propiedad del cargamento le fue conservada, como los restos de la Doris al capitán Clear y a sus hombres, recogidos la vÃspera. Los pescadores tuvieron que contentarse con la prima que les era legÃtimamente debida.
¡Qué satisfacción recibieron todos al encontrarse una hora después en el bazar de Little boy and Co.!
La primera travesÃa de Hormiguita habÃa sido peligrosa. Sin embargo, Bob le dijo: