Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés AÚN LA RAGGED-SCHOOL
AL volver a la escuela, Grip creyó deber suyo llamar la atención de mister O’Bodkins sobre la conducta de Carker y de los demás. No trataba de hablar de las malas jugadas que a él se le hacÃan, y que no notaba la mayor parte de las veces. ¡No! Se trataba de Hormiguita y de los malos tratos de que era objeto. Esta vez se habÃa ido tan lejos, que sin la intervención de Grip, el niño serÃa ahora un cadáver, que las olas arrojarÃan sobre la arena de Salthill.
Por toda respuesta, Grip no obtuvo más que un movimiento desdeñoso de cabeza de mister O’Bodkins. DebÃa comprender que estas cosas no le interesaban desde el punto de vista de la contabilidad. ¡Qué diablo! ¡El gran libro no podÃa tener una columna para los pescozones y otra para los puntapiés! Sin duda mister O’Bodkins tenÃa, como director, el deber de preocuparse por los tratos de sus pensionistas; mas como administrador, se limitó a enviar a paseo al vigilante de la escuela.
Desde ese dÃa, Grip resolvió no perder de vista a su protegido, no dejarle jamás solo en la sala, y cuando él salÃa tenÃa cuidado de encerrarle en el desván, donde al menos el niño se encontraba a salvo.
