Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Viene de Castlebar. Dirigiéndose hacia el oeste ha atravesado esas alturas que hacen frente a la mar como la mayor parte de las montañas de Irlanda: al norte, la cadena del Nephin, con su cima de dos mil quinientos pies, y al sur el Croagh-Patrick, donde el gran santo irlandés, el introductor del cristianismo en el siglo IV, pasaba los cuarenta dÃas de la cuaresma; después ha descendido por los peligrosos desfiladeros de Connemara, las salvajes regiones de los lagos Mask y Corril que desembocan en Clew-Bay. No ha tomado el ferrocarril de Midland Great-Western que pone a Westport en comunicación con DublÃn, sino que ha bajado por el camino franco gritando por todas partes y pregonando su espectáculo de muñecos, y pegando latigazos al perro, que ya no puede más. Un feroz ladrido de dolor responde al latigazo lanzado por una mano vigorosa, y alguna vez una especie de gemido sale del interior de la carreta.
Y después de que el hombre haya dicho al animal:
—¡Andarás, hijo de perra! —Parece que se dirige a otro oculto en el fondo de la carreta cuando grita:
—¡Callarás tú, hijo de perro!
El gemido cesa. Y la carreta se pone de nuevo lentamente en marcha. Este hombre se llama Thornpipe: ¿De qué paÃs es? Poco importa.