Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés De aquí la profunda turbación de su mente infantil. No sabía qué pensar. Y por la noche, como si el sombrío drama continuase, tenía sueños espantosos en los que se mezclaban Thornpipe, el miserable Carker y los demás pillos de la escuela. Despertábase bañado en sudor, y no se atrevía llamar.
Conocida es la pasión que los irlandeses sienten por los ejercicios deportivos y en particular por las carreras de caballos. En tales días hay una verdadera invasión en Limerick por la gente de los alrededores, por los labradores que abandonan sus haciendas y por los miserables de toda especie que han logrado economizar un chelín o medio para apostarlo a caballo.
Quince días después de su llegada Hormiguita tuvo ocasión de exhibirse en mitad de un concurso de este género. ¡Qué tocado el suyo parecía!, más que un niño, un ramo; tan florido iba de los pies a la cabeza, un ramo que Miss Anna Waston hacía admirar, mejor diríamos, respirar sus amigos y conocidos.