Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés En fin, no habÃa más remedio que tomar a aquella criatura tal como era; un poco extravagante, pero buena y compasiva cuando encontraba medio de serlo con algún aparato. Si las atenciones de que colmaba niño eran visiblemente teatrales, si aquellos besos se asemejaban a las convencionales de la escena, que sólo de los labios salen, no era Hormiguita capaz de apreciar la diferencia. Y sin embargo, no se sentÃa amado como hubiera querido serlo, y tal vez se decÃa, sin conciencia de ello, que Elisa no cesaba de repetir.

—Veremos lo que esto dura, admitiendo que dure algo.