Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés En verdad, él había reemplazado al perro dogo de su ama, un animal soso y mordedor, y si hubiese sido más pequeño tal vez ella le hubiera llevado en su manguito, no dejando fuera más que la rizada cabeza. Y ademas de los paseos a través de la ciudad, hacían excursiones hasta las estancias balnearias de los alrededores de Kilkrée con sus magníficos acantilados sobre la costa de Clare, Miltow-Malbay, célebres por sus terribles arrecifes que destrozaron en otra época una parte de la Armada Invencible. Hormiguita era exhibido como un fenómeno, designándolo como… ángel salvado de las llamas.
Una o dos veces se le llevó al teatro. Era digno de ver con traje de etiqueta y guantes, ¡guantes él!, en el primer puesto de un palco, bajo la fiera mirada de Elisa, no atreviéndose a moverse, y luchando contra el sueño hasta el fin de la representación. Si no comprendía gran cosa de la tragedia, creía, no obstante, que todo lo que veía era real, no imaginario.
Así, cuando Miss Anna Waston aparecía en traje de reina con diadema manto real, después como mujer del pueblo, y hasta como mendiga, vestida de harapos y cubierta con el sombrero de flores de los mendigos ingleses, no podía él creer que fuese aquélla la misma que volvía a encontrar en el George Royal Hotel.