Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Convenido o no —repitió Cornhill—, tú no podÃas formar parte de la tripulación del Forward.
—¿Por qué?
—Porque te faltan las condiciones requeridas. He oÃdo decir que los casados no eran admitidos, y tú eres de los entrados en el gremio. No te hagas, pues, el desdeñoso, ni rehúses lo que nadie ha pensado en ofrecerte.
El marinero apostrofado se echó a reÃr a coro con sus camaradas, reconociendo la justicia de la observación del contramaestre.
—¡Hasta el nombre del buque —añadió Cornhill, satisfecho, de sà mismo— es terriblemente osado! ¡El Forward![2] ¿Forward hasta dónde? Sin contar con que nadie conoce a su capitán.
—¡SÃ, se le conoce! —respondió un marinero joven que tenÃa cara de bobo.
—¡Cómo! ¿Se sabe quién es? —preguntó Cornhill, manifiestamente sorprendido.
—Sin duda.

—Muchacho —dijo Cornhill—, ¿crees acaso que es Shandon el capitán del Forward?
—Pero… —replicó el joven marino.