Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Muy bien calculado —respondieron los marineros del Nautilus.
—Y además —repuso uno de ellos—, el cargamento del tal bergantÃn confirma la opinión del contramaestre. Yo sé por Clifton, que es uno de los valientes que en él se han embarcado, que el Forward lleva vÃveres para cinco o seis años, además, claro está, del carbón correspondiente. Todo su cargamento consiste en carbón y vÃveres, y una pacotilla de vestidos de lana y pieles de foca.
—Pues bien —dijo Cornhill—, no cabe ya ninguna duda; pero di: ese Clifton, a quien conoces, ¿nada te ha dicho acerca de su destino?
—Ni una palabra. ¿Acaso él sabe algo? Nada, ni la tripulación tampoco. Sabrá a dónde va cuando haya llegado.
—Y eso —respondió un incrédulo— si no se va al diablo, como me parece muy probable.
—Ha sido contratado con esta condición —dijo el amigo de Clifton animándose—. Pero ¡qué salario, camaradas, qué buen salario! Cinco veces mayor que el de costumbre. No siendo asÃ, no hubiera encontrado Ricardo Shandon ningún tripulante. ¡Como quien no dice nada, un buque de una forma extraña, que va no se sabe a dónde, y que tiene trazas de no querer volver! Lo que es a mà el trato me hubiera convenido poco.