Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Pero entonces la mole de hielos, hasta aquel momento inmóvil, se dividió y se puso en movimiento; los icebergs salían, al parecer, de todos los puntos del horizonte; el bergantín se encontraba encallado en una serie de escollos movedizos cuya fuerza de aplastamiento era irresistible; la maniobra era tan difícil, que Garry, el mejor timonel, se puso en el timón; las montañas tendían a juntarse detrás del bergantín, por lo que fue necesario atravesar aquel mar de hielos, mandando la prudencia y el deber seguir adelante. Aumentaba las dificultades la imposibilidad en que se hallaba Shandon de averiguar la dirección del buque en medio de aquellos puntos que variaban sin cesar, se dislocaban y no ofrecían ninguna perspectiva estable.
Los tripulantes se dividieron en dos grupos, uno de estribor y otro de babor, y cada marinero, armado de una larga pértiga guarnecida con una punta de hierro, rechazaba los témpanos más amenazadores. Muy pronto el Forward entró en un pasadizo tan estrecho, entre dos altos cerros de hielo, que el extremo de sus vergas rozaba aquellas murallas tan duras como el granito. Poco a poco se atascó en medio de un valle tortuoso formado por el torbellino de las nieves, mientras los hielos flotantes chocaban unos con otros y producían, al romperse, siniestros crujidos.