Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Pero muy pronto se vio que aquella garganta no tenÃa salida. Un enorme témpano, atascado en el canal, derivaba rápidamente hacia el Forward, pareciendo imposible también retroceder estando el camino ya cerrado.
Shandon, Johnson, de pie en el alcázar del bergantÃn, consideraban su posición. Shandon con la mano derecha indicaba al, timonel la dirección que debÃa seguir, y con la izquierda transmitÃa a James Wall, colocado cerca del maquinista, sus órdenes para hacer maniobrar la máquina.
—¿Cómo va a concluir esto? —preguntó el doctor.
—Dios lo sabe —respondió el contramaestre.
El peñón de hielo, que no tenÃa menos de cien pies de altura, no distaba más que un cable del Forward y amenazaba caer sobre él y hacerlo astillas.
Pen prorrumpió en un espantoso juramento».
—¡Silencio! —gritó una voz que fue imposible reconocer en medio del huracán.
El peñón pareció precipitarse sobre el bergantÃn, y hubo un momento de angustia indefinible. Los marineros, soltando sus pértigas, se echaron hacia atrás, a pesar de las órdenes de Shandon.