Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Deseaba el doctor permanecer tranquilamente en su camarote para leer libros de viajes árticos; pero, siguiendo su costumbre, se preguntó cuál era la cosa más desagradable que podrÃa hacer en aquel momento. Se respondió que lo más desagradable serÃa subir a cubierta, arrostrando la baja temperatura, y ayudar a los marineros en sus maniobras. Y fiel a su regla de conducta, dejó su cómodo y templado camarote, y subió a cubierta para contribuir al arrastre del buque.

Era una excelente facha la suya, con unos anteojos verdes, por cuyo medio preservaba sus ojos contra la mordedura de los rayos reflejos, y en sus observaciones futuras procuró servirse siempre de anteojos especiales, para evitar oftalmÃas, que son muy frecuentes en aquella elevada latitud.
Al anochecer, el Forward habÃa ganado algunas millas hacia el Norte, gracias a la actividad de los marineros y a la habilidad de Shandon, diestro para aprovecharse de todas las circunstancias favorables. A las doce de la noche habÃa traspasado el 66.nº paralelo, y la sonda habÃa marcado una profundidad de veintitrés brazas. Shandon reconoció que se hallaba sobre el bajÃo en que tocó el Victory, navÃo de Su Majestad. La tierra, hacia el Este, estaba a treinta millas.